Manuel Cajuda: más de medio siglo de fútbol, valores y liderazgo
Manuel Cajuda repasa una vida dedicada al fútbol, desde sus éxitos hasta su actual etapa como presidente de Olhanense. Una conversación sincera con uno de los entrenadores más respetados y con más partidos dirigidos en la élite del fútbol portugués
Hablar de Manuel Cajuda es hacerlo de una de las grandes figuras del fútbol portugués en toda la historia. Como jugador defendió, entre otros, los colores de Sporting Clube Olhanense, el club de su ciudad y de su corazón. Como entrenador dejó una huella imborrable en equipos como Vitória SC, SC Braga, União de Leiria equipo con el que fue finalista de la Taça, Marítimo, Naval, Farense, Portimonense, Zamalek SC o Al-Shabab, construyendo una trayectoria marcada tanto por los resultados como por la coherencia con sus principios.
Su nombre forma parte del grupo de entrenadores con más partidos dirigidos en la historia de la Primera División portuguesa, junto a referentes como Fernando Vaz, Manuel Oliveira y Jorge Jesus, un dato que refleja la dimensión y la longevidad de una carrera extraordinaria.
Tuve el privilegio de compartir con él casi un día completo en Olhão para realizar esta entrevista, y confieso que fue mucho más que una conversación sobre fútbol. Encontré a una persona cercana, reflexiva y profundamente humana, capaz de hablar de victorias, derrotas, familia, religión, liderazgo y vida con la misma naturalidad. Manuel Cajuda fue extraordinariamente generoso con su tiempo, con sus recuerdos y con sus reflexiones, y esa generosidad no la disfruté solo yo, sino también mi propia familia.
Fue uno de esos encuentros que trascienden la entrevista y se convierten en una experiencia personal. Un día inolvidable junto a una de las voces más respetadas y auténticas que ha dado el fútbol portugués.
Una historia que nunca imaginó
Manuel Cajuda reconoce que jamás imaginó que acabaría dedicando prácticamente toda su vida al fútbol. Cuando terminó sus estudios tenía otros planes y otra visión para su futuro. Su intención inicial era desarrollar una carrera profesional en la banca, lejos de los terrenos de juego.
Sin embargo, las circunstancias de la vida fueron modificando ese camino. La necesidad de ganar dinero y los cambios que se produjeron en su trayectoria personal le llevaron a apostar definitivamente por el fútbol. Hoy contempla aquella decisión con satisfacción y agradecimiento.
Aunque no era el destino que había imaginado en su juventud, asegura sentirse profundamente agradecido por todo lo que el fútbol le ha ofrecido. No se arrepiente en absoluto de haber elegido esa profesión y considera que el deporte le proporcionó una vida plena y enriquecedora.
El orgullo de haber sido fiel a sí mismo
Cuando mira hacia atrás, Cajuda no señala un único logro por encima del resto. Lo que más orgullo le produce es el conjunto de su trayectoria y la forma en que consiguió desarrollarla.
Describe el fútbol como un mundo complicado y complejo, un entorno que muchas veces empuja a las personas a modificar su personalidad o a adaptarse a determinadas circunstancias para alcanzar ciertos objetivos. Sin embargo, él nunca sintió la necesidad de actuar de esa manera.
A lo largo de su carrera renunció a oportunidades que podrían haberle permitido alcanzar cotas aún mayores. Lo hizo porque siempre quiso mantenerse independiente en su forma de pensar y de actuar. Esa libertad personal tuvo un valor superior al de determinados éxitos deportivos.
Reconoce que quizá podría haber construido una carrera todavía más importante desde el punto de vista de los resultados o del prestigio, pero sostiene que no lo hizo porque no quiso recorrer ciertos caminos. Prefirió preservar su tranquilidad emocional y competitiva antes que aceptar condiciones que entraban en conflicto con sus principios.
Proyectos rechazados por una cuestión de valores
Esa independencia de criterio estuvo detrás de algunas de las decisiones más importantes de su carrera. Cajuda explica que recibió propuestas muy atractivas por parte de algunos de los mejores clubes portugueses, pero decidió no aceptarlas porque entendía que determinadas exigencias no encajaban con su manera de ser.
Aclara que nunca se trató de peticiones ilegales ni de cuestiones impropias. Simplemente eran compromisos y obligaciones que él sabía que no podría cumplir sin renunciar a aspectos esenciales de su personalidad.
Desde el inicio de su carrera hizo un pacto consigo mismo y con su familia: la familia siempre estaría por delante del fútbol. Aquella promesa condicionó muchas de sus decisiones profesionales.
La familia, siempre por encima del fútbol
Uno de los principios que mantuvo durante toda su vida profesional fue separar claramente su trabajo de su vida familiar.
Recuerda que se propuso que el entrenador nunca entrara en su casa. Su esposa no necesitaba convivir con un entrenador, sino con un marido. Sus hijos no necesitaban un técnico, sino un padre.
Era consciente de que algunos de los grandes proyectos deportivos podían exigir una dedicación absoluta y consumir buena parte de su tiempo personal. Sin embargo, decidió proteger siempre su espacio familiar.
Su esposa le acompañó en todos los países y destinos en los que trabajó. Sus hijos también formaron parte de ese recorrido mientras estuvieron bajo su cuidado. Manuel Cajuda considera que aquella elección fue fundamental en su vida y que nunca se arrepintió de haber priorizado a los suyos.
Según explica, podría haber elegido otro camino y probablemente habría obtenido otros logros profesionales, pero considera que habría sacrificado aquello que realmente tenía valor para él.
La decisión de salir de Portugal
Otro ejemplo de esa filosofía fue su decisión de no emprender aventuras internacionales hasta que sus hijos hubieran alcanzado una mayor autonomía.
Explica que esperó a que superaran las etapas más importantes de su crecimiento antes de marcharse al extranjero. Cuando finalmente decidió salir de Portugal, sus hijos ya eran independientes y su esposa disponía de mayor libertad para acompañarle.
Hoy está convencido de que aquella elección fue la correcta. Considera que todo aquello que pudo perder desde el punto de vista profesional quedó ampliamente compensado por el tiempo dedicado a su familia y por el desarrollo personal de sus hijos.
Los éxitos que marcaron su carrera
A la hora de recordar los momentos más importantes de su trayectoria, Cajuda evita establecer una clasificación definitiva. Considera que cada etapa tuvo un significado especial y que incluso temporadas aparentemente discretas pudieron tener una enorme importancia por las dificultades superadas.
Aun así, reconoce que su etapa en Vitória de Guimarães ocupa un lugar muy especial en su memoria.
Cuando llegó al club, el Vitória militaba en la Segunda División y ocupaba la novena posición. La entidad atravesaba una situación complicada y el ambiente en la ciudad estaba marcado por la decepción.
El equipo logró ascender y, tan sólo una temporada después, alcanzó la mejor clasificación de su historia hasta ese momento, consiguiendo además la clasificación para la Liga de Campeones. En apenas un año, el club pasó de la novena posición de Segunda División al tercer puesto de la máxima categoría.
Sin embargo, más allá de los resultados, lo que más le marcó fue haber devuelto la ilusión a la ciudad. Recuerda que cuando llegó percibía tristeza entre los aficionados y que, al marcharse, veía alegría en sus rostros.
Para él, recuperar esa felicidad colectiva tuvo más valor que cualquier trofeo. Ver a la gente sonreír y disfrutar del éxito deportivo significó más que ganar una copa.
Braga y Leiria, otros capítulos inolvidables
Cajuda también recuerda con especial cariño sus ocho años en el Sporting de Braga.
Cuando asumió el cargo, el club ocupaba la decimotercera posición de la Primera División. Durante su etapa logró situarlo dos veces en la cuarta plaza y clasificarlo para competiciones internacionales, algo especialmente significativo porque el Braga llevaba aproximadamente diecisiete años alejado de esos escenarios europeos.
Del mismo modo, destaca su trabajo en la União de Leiria. Aquella temporada culminó con una histórica quinta posición en liga y una final de la Taça de Portugal, además de la clasificación para competiciones internacionales. Considera que fue una de las mejores campañas en la historia de la entidad.
Pese a todo, insiste en que reducir una carrera a los resultados sería injusto. En ocasiones, explica, terminar en décima posición pudo resultar tan satisfactorio como una clasificación europea debido a los obstáculos que tuvo que superar.
El respeto en entornos de máxima rivalidad
A lo largo de su trayectoria convivió con algunas de las rivalidades más intensas del fútbol portugués.
La primera de ellas fue la existente entre Farense y Olhanense. Recuerda que, cuando decidió marcharse al Farense, su propio padre no vio la decisión con buenos ojos. Sin embargo, guarda una enorme gratitud hacia el club algarvío por todo lo que hizo por él.
Posteriormente vivió de lleno la histórica rivalidad entre Braga y Vitória de Guimarães. Según explica, es el entrenador que ha participado en más derbis entre ambos clubes, con un total de 21 enfrentamientos repartidos entre las dos entidades.
Haber trabajado en los dos lados de esa rivalidad le permitió comprender profundamente los sentimientos de cada afición y valorar la riqueza cultural que existe alrededor de esos enfrentamientos.
También recuerda con afecto la rivalidad entre Nacional y Marítimo, en Madeira. Lo que más le impresionó fue la capacidad de ambas aficiones para gestionar la competencia deportiva sin deteriorar las relaciones personales.
Relata que en muchas familias convivían seguidores de ambos equipos y que, durante la semana previa a los partidos, evitaban hablar de fútbol para no generar tensiones. Aquella muestra de respeto le parecía especialmente significativa y ejemplificaba una manera saludable de entender la rivalidad deportiva.
La aventura en Egipto: el descubrimiento de otra realidad
Uno de los capítulos más enriquecedores de su carrera llegó con su llegada al Zamalek SC de Egipto.
Define al Zamalek como un club histórico y uno de los grandes referentes del fútbol africano. No obstante, cuando asumió el cargo atravesaba una etapa de enorme inestabilidad institucional.
Recuerda que durante el único año que permaneció en el club llegaron a producirse diez cambios de dirección, una situación extremadamente difícil para cualquier entrenador.
Aun así, la experiencia resultó fascinante. Le impresionó especialmente la dimensión social del club y el seguimiento masivo que generaba. Acostumbrado a la realidad europea, se encontró con entrenamientos presenciados por miles de personas, algo que inicialmente le produjo un auténtico impacto.
Aquella experiencia le llevó a una conclusión muy importante: el conocimiento adquirido en Europa no podía aplicarse automáticamente a cualquier realidad. Comprendió que antes de imponer ideas era imprescindible entender el contexto cultural, social y humano en el que se trabaja.
Uno de los momentos que más le sorprendió ocurrió en su primer entrenamiento, cuando los jugadores interrumpieron la sesión para rezar. Aquella situación le resultó extraña al principio, pero pronto entendió su significado y aprendió a integrarla con total naturalidad.
Con el objetivo de comprender mejor a sus futbolistas, incluso decidió realizar el Ramadán durante varios días. Quería experimentar personalmente aquello que vivían sus jugadores y conocer de primera mano los efectos físicos y emocionales de esa práctica religiosa.
Esa actitud le permitió acercarse a una cultura diferente, ampliar sus conocimientos y fortalecer la relación con el grupo. Además, despertó en él una profunda admiración por Egipto, un país que sigue recordando con enorme cariño y por cuyo club, el Zamalek, mantiene una gran pasión.
La experiencia egipcia también le sirvió como preparación para futuras aventuras en el mundo árabe, donde pudo aplicar muchas de las enseñanzas adquiridas gracias al respeto y la comprensión de culturas distintas.
Aprender del mundo: Egipto, Tailandia y China
La experiencia internacional de Manuel Cajuda no terminó en Egipto. Tras su paso por el Zamalek, continuó ampliando horizontes en distintos países y culturas, algo que considera una de las mayores riquezas que le ha dejado el fútbol.
En Egipto llegó incluso a acompañar a sus jugadores en determinados momentos relacionados con su práctica religiosa. Asistía con ellos a las mezquitas y participaba desde el respeto, algo que era muy valorado por los futbolistas. Siempre dejó claro que no renunciaba a su fe cristiana, pero entendía que mostrar respeto hacia las creencias de los demás era una forma de fortalecer las relaciones humanas y profesionales.
Más tarde llegó su etapa en Tailandia, un país que también le dejó profundas enseñanzas. Allí descubrió la importancia que las creencias tienen en el fútbol y en la vida cotidiana. Entendió que muchas convicciones personales y colectivas de los jugadores influían en su manera de afrontar la competición y la vida deportiva.
También quedó impresionado por el respeto hacia las personas mayores, un valor que, según su percepción, se encuentra cada vez menos presente en algunas sociedades europeas. Le llamó especialmente la atención la filosofía budista y su visión optimista de la existencia, basada en la creencia de que, por difícil que sea el presente, el futuro siempre puede traer algo mejor.
Posteriormente vivió otra experiencia muy distinta en China. Aunque reconoce que la gestión del fútbol allí es completamente diferente a la europea, guarda un excelente recuerdo de aquella etapa y la considera igualmente enriquecedora.
Para Cajuda, todas estas experiencias deben entenderse desde una perspectiva mucho más amplia que la económica. Reconoce que en estos destinos se puede ganar bien, pero insiste en que la verdadera riqueza se encuentra en el aprendizaje humano.
El crecimiento personal a través de nuevas culturas
Al hacer balance de todos esos años fuera de Portugal, Cajuda afirma con rotundidad que ganó mucho más como persona que como entrenador.
Conocer nuevas culturas, religiones, creencias y formas de entender la vida le permitió ampliar su visión del mundo. La convivencia con personas de diferentes orígenes y mentalidades reforzó su capacidad de adaptación y enriqueció profundamente su manera de vivir.
Considera que compartir experiencias con personas que piensan de forma distinta fue uno de los mayores aprendizajes de toda su carrera. Más allá de los resultados deportivos, valora especialmente todo aquello que descubrió sobre el comportamiento humano y sobre la diversidad cultural.
El regreso al club de su infancia: la llamada de SC Olhanense
Tras una larga trayectoria como jugador, entrenador y aventurero del fútbol internacional, la vida le llevó de nuevo al lugar donde todo había comenzado.
Sporting Clube Olhanense, el club de su infancia, el equipo en el que empezó a jugar al fútbol y la entidad con la que soñó cuando era niño, atravesaba el momento más difícil de toda su historia.
Según explica, el club vivía una situación dramática tras más de un siglo de existencia. El riesgo de desaparición era real y prácticamente nadie estaba dispuesto a asumir la responsabilidad de intentar salvarlo.
Para Cajuda, contemplar al club de su ciudad en aquella situación resultaba especialmente doloroso. Sentía que toda la historia de una institución centenaria podía desaparecer definitivamente.
Fue entonces cuando, impulsado por varios amigos y por su propio entorno familiar, comenzó a plantearse la posibilidad de intervenir.
Una decisión nacida del compromiso
En aquel momento residía en Braga y, en un principio, no estaba convencido de asumir semejante responsabilidad.
Sin embargo, fue su propio hijo Hugo quien acabó desempeñando un papel decisivo. Cajuda reconoce que fue él quien terminó empujándole a ayudar a Olhanense.
Finalmente decidió presentarse a la presidencia del club. Lo hizo sin investigar en profundidad todo lo que había ocurrido anteriormente ni las razones exactas que habían provocado aquella situación límite.
Mirando hacia atrás, define aquella decisión incluso como «estúpida», no por arrepentimiento, sino porque asumió un desafío gigantesco sin conocer por completo la magnitud de los problemas que iba a encontrar.
No obstante, aquel planteamiento respondía a una filosofía que había desarrollado durante sus años en el extranjero: no obsesionarse con el pasado y centrarse en la realidad presente.
Para él, lo importante no era analizar quién había cometido errores anteriormente, sino descubrir cómo podía ayudar a salvar el club de su tierra.
El peor momento de la historia del club
Cajuda reconoce que quizás no sea el mejor presidente que haya tenido el Olhanense, pero está convencido de haber asumido el cargo en el momento más difícil de toda la historia de la entidad.
Cuando llegó a la presidencia encontró una realidad mucho más compleja de lo que había imaginado. Las dificultades eran enormes y durante algunos momentos llegó incluso a plantearse abandonar.
Aun así, con el paso del tiempo comenzó a percibir señales de recuperación.
Hoy considera que el club está claramente mejor que cuando llegó, aunque insiste en que todavía queda mucho camino por recorrer. El Olhanense ha recuperado parte de su estabilidad y ya no vive bajo la amenaza inmediata de desaparecer.
La situación sigue siendo delicada y la lucha continúa siendo complicada, pero observa que los pasos que se están dando son cada vez más coherentes y sólidos.
El apoyo de la familia en los momentos más difíciles
En los instantes de mayor dificultad volvió a aparecer el mismo elemento que había guiado toda su trayectoria: la familia.
Recuerda que hubo momentos en los que estuvo realmente cerca de abandonar la presidencia. Las dificultades eran tan grandes que sintió desánimo y agotamiento.
Fue entonces cuando su esposa, compañera de toda una vida, desempeñó un papel fundamental. Ella le recordó que nunca debía rendirse ante las adversidades y que una persona que se deja vencer por el miedo no puede ganar ninguna batalla.
Ese apoyo resultó decisivo para que continuara adelante. También destaca el papel del resto de su familia, que cerraron filas a su alrededor cuando más lo necesitaba y le ayudaron a seguir luchando por el proyecto.
Un legado que espera dejar al Olhanense
Aunque reconoce que todavía queda mucho trabajo por hacer, Cajuda se siente orgulloso de haber dado un paso al frente cuando nadie parecía dispuesto a hacerlo.
Su objetivo es dejar el club en una situación estable, con bases sólidas para que futuras generaciones de dirigentes puedan continuar el trabajo. Aspira a devolver al Olhanense el orgullo, el cariño de sus aficionados y la capacidad de seguir creciendo en el futuro.
Al finalizar su reflexión, vuelve a insistir en una idea que ha acompañado toda su carrera: quizá no haya sido el presidente perfecto para el Olhanense, pero sí fue la persona que decidió asumir la responsabilidad cuando el club atravesaba el momento más dramático de sus más de cien años de historia.
Para Manuel Cajuda, ese compromiso con el club de su infancia representa uno de los desafíos más importantes y personales de toda una vida dedicada al fútbol.

