Rui Pedro Silva: «Vine a SC Vianense a dar no a recibir».

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Con casi 130 años de historia el equipo de Viana do Castelo regresa a la Liga 3 y vive un momento de optimismo a nivel deportivo e institucional.

Rui Pedro Silva, presidente de SC Vianense, analiza en una entrevista con Fútbol Portugués desde España el proceso de reconstrucción de uno de los clubes históricos de Portugal. Además, recuerda los momentos más difíciles de la última década y explica la filosofía que ha guiado su gestión desde que asumió el cargo en 2015.

Hay dirigentes que llegan a un club para desarrollar un proyecto deportivo. Otros aterrizan con la misión de consolidar una etapa de crecimiento. Rui Pedro, sin embargo, aceptó un desafío mucho más complejo: intentar evitar la desaparición de SC Vianense.

Cuando asumió la presidencia en 2015, la histórica entidad de Viana do Castelo atravesaba uno de los momentos más delicados de su historia centenaria. El patrimonio del club estaba siendo subastado, la deuda era asfixiante y el futuro de la institución pendía de un hilo.

Diez años después, el panorama es completamente distinto. El equipo ha recuperado la estabilidad económica, ha reconstruido su credibilidad institucional y acaba de regresar a una categoría superior. Para Rui Pedro Silva, sin embargo, el verdadero éxito no se mide únicamente por los ascensos, sino por haber devuelto la tranquilidad a una institución que forma parte de la identidad de toda una ciudad.

«SC Vianense es mucho más que un club de fútbol»

Fundado el 13 de marzo de 1898, SC Vianense es una de las entidades deportivas más antiguas de Portugal. Incluso existe un debate histórico que sostiene que podría tratarse del club con la práctica continuada de fútbol organizado más antigua del país. Más allá de esa discusión, el presidente destaca algunos episodios poco conocidos de sus orígenes.

Curiosamente, el Vianense no nació como un club exclusivamente dedicado al fútbol. En sus primeros años recibió la sección futbolística de otra asociación de la ciudad vinculada a la tauromaquia, una circunstancia llamativa si se tiene en cuenta que actualmente Viana do Castelo es un municipio contrario a este tipo de espectáculos.

«La historia del club está llena de curiosidades. Es una institución muy especial para la ciudad y para toda la región», explica. Sin embargo, reconoce que la enorme tradición de la entidad nunca estuvo acompañada de un palmarés proporcional.

El único gran título nacional del Vianense llegó hace décadas con el campeonato de la antigua Tercera División portuguesa. Con el paso del tiempo, el club fue perdiendo diferentes modalidades deportivas hasta concentrar todos sus esfuerzos en el fútbol, aunque esa apuesta tampoco consiguió evitar una progresiva decadencia institucional.

La llamada que cambió su vida.

La historia de Rui Pedro Silva como presidente comenzó prácticamente por obligación moral. En 2015, un grupo de socios vinculados desde siempre a SC Vianense decidió presentarse a las elecciones para intentar rescatar una institución que se encontraba al borde del colapso.

Su relación con el club venía desde la infancia. Como tantos otros aficionados, llegó de la mano de su padre y de su abuelo. Aquellos recuerdos terminarían convirtiéndose años después en el principal motivo para aceptar una responsabilidad que pocos deseaban asumir. La situación era dramática.

Además de una enorme deuda económica, el patrimonio del club estaba siendo subastado y la supervivencia de la entidad era una posibilidad real.

«Llegué a la presidencia por amor al club. Fue un acto de fe, de pasión y de responsabilidad.»

«Nuestra primera misión no era ganar títulos. Era impedir que SC Vianense cerrara sus puertas.» Aquella idea resume el punto de partida de un proyecto que nunca tuvo como prioridad el éxito deportivo inmediato. El objetivo consistía, simplemente, en garantizar que uno de los clubes históricos del fútbol portugués pudiera seguir existiendo.

El principal problema del Vianense no era económico. Las dificultades financieras eran únicamente la consecuencia de un deterioro mucho más profundo. Y es que el club había perdido credibilidad.

Las instituciones públicas desconfiaban de la entidad. El tejido empresarial había dejado de verla como un socio fiable y la comunicación con muchos colaboradores prácticamente había desaparecido.

Por eso la reconstrucción comenzó por un camino diferente. Antes de equilibrar las cuentas, había que recuperar la confianza.

Poco a poco, SC Vianense volvió a estrechar lazos con el Ayuntamiento, con empresas de la región y con todos aquellos que históricamente habían formado parte del crecimiento del club. Ese trabajo silencioso terminó convirtiéndose en el verdadero punto de inflexión del proyecto.

«Prometí no cambiar como persona»

Si hay algo que Rui Pedro Silva recuerda perfectamente de su toma de posesión es el discurso que pronunció ante los socios.

A diferencia de otros candidatos, no prometió títulos, ascensos, nuevas infraestructuras ni grandes inversiones.

Solo hizo dos promesas:

La primera consistía en seguir siendo exactamente la misma persona cuando abandonara el cargo: «Entraría como Rui Pedro y saldría como Rui Pedro. No quería que el fútbol cambiara mis principios ni mis valores.»

La segunda era todavía más sencilla. Su presidencia debía estar marcada por una dimensión profundamente humanista. El respeto hacia todas las personas que formasen parte de SC Vianense debía situarse por encima de cualquier resultado deportivo: «No prometí campeonatos. Prometí intentar tratar bien a todo el mundo.»

Diez años después, considera que ese sigue siendo el mayor éxito de su mandato.

Más allá de las victorias y las derrotas, siente que ha podido conocer a personas de todos los ámbitos, desde dirigentes federativos hasta aficionados anónimos que viven el club con una pasión inquebrantable. Todas esas relaciones, asegura, han enriquecido mucho más su vida que cualquier logro deportivo. También reivindica el valor del asociacionismo, una faceta que desarrolla fuera del fútbol colaborando con diferentes entidades sociales.

«Todos deberíamos dedicar una parte de nuestra vida a trabajar por los demás. Siempre recibes mucho más de lo que das». Con esa filosofía personal comenzó una reconstrucción que, una década después, empezaría a reflejarse también sobre el terreno de juego.

Del caos al ascenso: una temporada que comenzó con incertidumbre

Si la reconstrucción institucional había sido un proceso largo, la temporada 2025-26 también obligó a SC Vianense a superar numerosos obstáculos antes de alcanzar el objetivo del ascenso. Desde fuera, muchos aficionados solo recuerdan el brillante desenlace, el ascenso a la Liga 3. Sin embargo, Rui Pedro Silva insiste en que la historia comenzó mucho antes del primer partido oficial:

«Todas las historias tienen un principio y muchas veces solo empezamos a contarlas cuando ya han ocurrido los capítulos importantes«. Ese principio se sitúa en el verano de 2025.

Tres años después de la creación de la Sociedad Anónima Deportiva (SAD), los propietarios mayoritarios decidieron poner a la venta su participación. La dirección de SC Vianense consideró que la operación planteada inicialmente no garantizaba el futuro del club y decidió ejercer su derecho de preferencia para facilitar la llegada de nuevos accionistas.

Aquella decisión, aunque necesaria para proteger la estabilidad de la entidad, condicionó completamente la planificación deportiva. Mientras la mayoría de los rivales ya habían confeccionado sus plantillas y habían iniciado la pretemporada, SC Vianense seguía inmerso en negociaciones empresariales.

«Cuando los demás ya estaban entrenando, nosotros todavía estábamos resolviendo la venta de la SAD.» El retraso afectó absolutamente a todas las áreas.

La contratación del entrenador llegó más tarde de lo previsto. La confección de la plantilla también se retrasó. Lo mismo ocurrió con la estructura deportiva y con buena parte de la planificación habitual de cualquier temporada. En la práctica, el equipo tuvo que preparar la competición mientras ya estaba disputando partidos oficiales.

Un inicio condicionado por las lesiones

Durante las primeras semanas de competición el equipo sufrió una auténtica plaga de lesiones. En determinados momentos llegó a contar con once o doce futbolistas indisponibles, una circunstancia que obligó al cuerpo técnico a recurrir de forma constante a jugadores del filial y del equipo juvenil.

«No todos eran titulares, pero perder a once o doce jugadores supone quedarse prácticamente sin una plantilla completa«. Aquella situación obligó al club a acelerar el crecimiento de varios futbolistas jóvenes mientras competía contra rivales que llevaban semanas trabajando con normalidad. Los resultados iniciales reflejaron esa diferencia. Sin embargo, Rui Pedro Silva nunca perdió la confianza.

La estabilidad emocional como ventaja competitiva

Para el presidente hay existe un factor que hoy resulta determinante en el deporte de alto rendimiento y que muchas veces pasa desapercibido: la estabilidad emocional.

Mientras el entorno comenzaba a cuestionar los resultados, la dirección mantuvo intacta su confianza en el proyecto. No hubo decisiones precipitadas. No aparecieron dudas públicas sobre el entrenador ni sobre la plantilla. Simplemente se siguió trabajando: «La estructura creyó en el cuerpo técnico y en los jugadores desde el primer día». Con el paso de las semanas llegaron también algunos refuerzos.

El club incorporó tres o cuatro futbolistas que aportaron equilibrio a la plantilla y permitieron aumentar la competitividad del grupo. A partir de ese momento, el rendimiento del equipo comenzó a crecer de forma constante.

Cuando el equipo empezó a creer

Como ocurre en cualquier temporada, Rui Pedro Silva reconoce que hubo partidos en los que la fortuna jugó a favor del Vianense. También recuerda otros encuentros en los que el equipo mereció mucho más de lo que obtuvo: «Hay días en los que juegas peor y consigues ganar. Y otros en los que haces un gran partido y terminas perdiendo».

Lo importante, explica, fue que el equipo nunca dejó de competir. Conforme llegaron los buenos resultados también apareció un elemento fundamental: la ilusión de la afición.

Los seguidores comenzaron a creer que el ascenso era posible. Ese convencimiento terminó convirtiéndose en un impulso adicional para una plantilla que había comenzado la temporada varios pasos por detrás de sus principales competidores: «La conexión entre el equipo y la afición fue creciendo cada semana».

Un ascenso que no cambia el análisis

Aunque SC Vianense terminó logrando el ascenso, Rui Pedro rechaza analizar la temporada únicamente desde el resultado final. En su opinión, el trabajo realizado durante todo el curso ya merecía una valoración positiva con independencia del desenlace: «Si no hubiéramos ascendido, evidentemente habríamos sentido tristeza, pero no podríamos decir que había sido una mala temporada«.

Para el presidente, el verdadero éxito fue comprobar cómo el grupo supo superar todas las dificultades iniciales sin perder el equilibrio ni la confianza.

El ascenso, sostiene, fue simplemente la recompensa a un proyecto que había sabido mantenerse firme cuando todo invitaba a la incertidumbre.

«Dirigir un club es gestionar personas»

Más allá del primer equipo, Rui Pedro Silva recuerda que la responsabilidad diaria de un presidente va mucho más allá de los resultados deportivos. El equipo cuenta con una estructura profesional reducida, pero respaldada por un amplio grupo de colaboradores y voluntarios que hacen posible el funcionamiento del club.

Su principal responsabilidad consiste en ofrecerles estabilidad y cumplir los compromisos adquiridos con todos ellos. Sin embargo, el ámbito que más le preocupa actualmente es el fútbol de formación.

Después de muchos años vinculado a la cantera, observa con inquietud cómo la presión sobre los jóvenes futbolistas ha aumentado de forma considerable: «Cada vez es más habitual encontrar niños representados por agentes o sometidos a expectativas propias del fútbol profesional».

Ese fenómeno también afecta a los entrenadores.

Muchos de ellos se encuentran en el inicio de sus carreras y sueñan con llegar al fútbol sénior, pero todavía no poseen la experiencia necesaria para gestionar situaciones cada vez más complejas: «La presión que reciben los técnicos de formación, especialmente por parte del entorno familiar, es mucho mayor que hace unos años.»

En su opinión, el fútbol base necesita recuperar algo que el deporte moderno parece haber perdido: la paciencia. «Porque, antes de formar futbolistas, los clubes tienen la responsabilidad de formar personas».

«El mayor reto no son los resultados, sino gestionar a las personas»

Después de más de una década al frente del Vianense, Rui Pedro tiene claro que los problemas más complejos de un presidente no siempre aparecen los domingos sobre el césped.

Dirigir una entidad deportiva implica convivir con decenas de realidades diferentes cada día. Jugadores, entrenadores, empleados, colaboradores, patrocinadores, instituciones, familias… Todos forman parte del funcionamiento del club y todos necesitan respuestas: «Tenemos una estructura profesional pequeña, pero un número muy importante de colaboradores. Nuestra obligación es garantizarles las mejores condiciones posibles para que puedan desarrollar su trabajo».

El fútbol también cambió después del COVID

Rui Pedro cree que uno de los efectos menos visibles de la pandemia fue el deterioro de las relaciones humanas. No habla únicamente del fútbol, sino que habla de la sociedad: «Hoy las personas tienen mucha menos paciencia. Todo genera tensión con demasiada facilidad«. Ese cambio también se ha trasladado al día a día de los clubes. Conflictos que antes se resolvían con una conversación ahora requieren una intervención constante por parte de los responsables de la entidad.

Por eso considera que existe un recurso cada vez más escaso: «El tiempo. Necesitamos tiempo para escuchar. Tiempo para explicar nuestras decisiones. Tiempo para comprender a las personas.»

En una época marcada por la inmediatez, considera que muchas veces se pretende obtener respuestas instantáneas para problemas que necesitan diálogo y confianza. Y esa, asegura, es probablemente la parte más difícil de dirigir un club.

Las vacaciones que terminaron con una destitución

Cuando se le pregunta por la última vez que consiguió desconectar realmente de SC Vianense, Rui Pedro sonríe antes de responder. Le cuesta recordarlo. Después de casi once años como presidente, apenas encuentra un ejemplo: «Fue hace siete u ocho temporadas. Había conseguido reservar un par de días para viajar con mi esposa a España y celebrar su cumpleaños».

Pero ni siquiera entonces logró olvidarse del club. Mientras disfrutaban de aquellas pequeñas vacaciones, el primer equipo disputaba un partido de liga en un momento especialmente delicado.

Rui Pedro seguía pendiente del teléfono. Intercambiaba mensajes constantemente con los directivos desplazados para conocer la evolución del encuentro. Las noticias no eran buenas. Cuando regresó a Viana do Castelo convenció a su mujer para pasar antes por el estadio porque necesitaba hablar con los responsables deportivos.

Aquella conversación terminó desembocando en la única destitución de entrenador que ha firmado como presidente de SC Vianense: «Lo recuerdo como yno de los momentos más difíciles de toda mi trayectoria. No porque dudara de mi decisión deportiva, sino porque mantenía una excelente relación personal con el técnico y lo que más me preocupaba era no perder una amistad por tener que tomar una decisión profesional.»

Con el paso del tiempo, asegura que aquella relación continúa siendo magnífica porque ambas partes entendieron que el fútbol también tiene principios, desarrollo y final.

«El teléfono nunca se apaga»

Ese episodio resume perfectamente cómo entiende Rui Pedro la presidencia de un club: «No puedes apagar el teléfono. Los problemas aparecen en cualquier momento.»

Aunque cuenta con un equipo directivo de máxima confianza, considera que existen decisiones que el presidente nunca debe delegar. Especialmente las más complicadas: «Si quien va a responder soy yo, también debo ser quien tome la decisión«.

Se trata de una persona que no teme equivocarse. Asume que cualquier dirigente acabará acertando unas veces y fallando otras. Lo importante, explica, es asumir siempre la responsabilidad.

Esa filosofía también marca su comportamiento cuando llegan los éxitos: «Cuando hay medallas, prefiero quedarme en un segundo plano. Cuando las cosas salen mal, soy el primero en dar la cara.»

Para Rui Pedro, proteger al club significa precisamente eso. Evitar que la presión recaiga sobre quienes trabajan cada día para hacerlo crecer. Un presidente que nunca buscó reconocimiento

A lo largo de la conversación aparece una idea de forma recurrente, Rui Pedro SIlva nunca habla de sí mismo como protagonista. Siempre vuelve al club, a la institución y a las personas.

«Yo entré aquí para dar, no para recibir»

No busca reconocimiento público. Tampoco considera la presidencia un lugar desde el que obtener beneficios personales. Su única aspiración consiste en dejar el Vianense en mejores condiciones de las que encontró cuando aceptó el cargo en 2015.

Después de una década de trabajo, siente que ese objetivo empieza a hacerse realidad. También teniendo en cuenta que el ascenso deportivo representa un paso importante, pero no el definitivo.

La auténtica victoria, explica, consiste en haber devuelto al club la estabilidad institucional, la credibilidad y la capacidad de mirar al futuro con optimismo.

Un legado que trasciende los resultados

Durante toda la conversación, Rui Pedro Silva apenas utiliza la palabra éxito para referirse a victorias o ascensos. Prefiere hablar de personas, de compromiso, de responsabilidad y de respeto.

Su forma de entender la presidencia se aleja del dirigente que busca protagonismo y se acerca más a la de un custodio temporal de una institución centenaria.

Quizá por eso la frase que mejor resume estos diez años al frente del Vianense no hace referencia a ningún campeonato. Hace referencia a su propia manera de entender la vida: «Solo quiero que SC Vianense esté mejor cuando me marche de lo que estaba cuando llegué«.

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