La noche en la que el Alvalade soñó en grande… y se despertó de golpe
La final de la Europa League de 2005 fue uno de los puntos altos de la historia de los leones a nivel internacional.
La temporada 2004-05 quedó grabada para siempre en la memoria de Sporting CP como subcampeón de la Europa League, entonces aún Copa de la Uefa. No solo por alcanzar una final europea, sino por hacerlo en su propia casa, en un Estadio José Alvalade que aún olía a nuevo. El sueño estaba servido. El final, sin embargo, fue cruel: derrota por 1-3 ante el CSK de Moscú.
Porque aquella noche debía ser histórica. Y lo fue, aunque no como el sportinguismo había imaginado.
Un estadio nuevo para una final impensable
El Estadio José Alvalade se había inaugurado en 2003, dentro del gran proyecto de modernización de Portugal de cara a la Eurocopa de 2004. Apenas dos años después, el Sporting se encontraba disputando una final de la Copa de la UEFA en su propio estadio. Un privilegio tan excepcional como peligroso. Jugar una final en casa multiplica la ilusión… pero también la presión.
Cómo era ese Sporting CP
Era presidente António Dias da Cunha. Bajo su dirección llegaron al club todos los torneos nacionales y se escapó uno internacional. Terceros en la liga, en la Taça quedaron eliminados en octavos. Liedson vivió su mejor año como goleador (por ejemplo, hizo 9 goles en 14 partidos en la competición), João Moutinho ya brillaba y Ricardo Sá Pinto era su hombre más reconocido.
El camino de Sporting CP en una Europa League mítica: noches europeas para el recuerdo
Aquel Sporting, que es el equipo que ha jugado más ediciones de la competición, se ganó el respeto de toda Europa. No fue una final alcanzada por azar. El equipo de José Peseiro firmó una trayectoria de enorme mérito, especialmente por su capacidad para competir —y eliminar— a rivales de la Premier League.
Primero cayó el Feyenoord, un clásico del fútbol europeo y campeón dos años antes. Aquella eliminatoria confirmó que Sporting CP estaba preparado para algo grande en la Europa League. Los neerlandeses tenían a Dirk Kuyt, Shinji Ono o Salomon Kalou como principales referencias y eran entrenados por Ruud Gullit.
Después llegó uno de los grandes golpes del torneo: la eliminación del Newcastle United, un equipo repleto de talento y peso internacional. En 4-1 en la vuelta fue un partido redondo. Alvalade empezó a creer al ver a Alan Shearer o a Patrick Kluivert derrotados.
En cuartos de final, el reto se repetía: otro inglés, otro gigante, otro examen de madurez. El Middlesbrough, finalista de la competición un año más tarde, tampoco pudo con un Sporting sólido, competitivo y con una fe inquebrantable en su idea. Dos ingleses fuera. Europa empezaba a mirar a Lisboa con otros ojos. Mark Schwarzer, Michael Reiziger, Doriva, Stewart Downing, Jimmy Hasselbaink. Boudewijn Zenden… Toda una constelación que se quedó sin premio.
En semifinales, el cruce ante el AZ Alkmaar (verdugo de Villarreal) fue tenso, equilibrado y durísimo. Pero el Sporting resistió, golpeó cuando tuvo que hacerlo y selló el pase a la gran final. El sueño ya no era una fantasía: la final estaba en casa.
El CSK, un campeón en construcción
El CSK de Moscú no llegaba a Lisboa por sorpresa. Era un equipo con estrella en el momento y con jugadores que en futuro fueron estrellas. Su recorrido fue tan sólido como silencioso. Eliminó al Benfica en una eliminatoria durísima, superó al Auxerre y fue construyendo una identidad basada en el físico, la velocidad y una disciplina táctica perfecta. Un equipo incómodo, agresivo y letal cuando encontraba espacios. Todo lo que una final castiga si te despistas.
La final: ilusión, estallido… y silencio
El 18 de mayo de 2005, Alvalade era una caldera. Cuando Rogério adelantó al Sporting, todo parecía alineado. El estadio explotó. Lisboa se veía campeona de Europa.
Pero tras el descanso, la final cambió de manos. El CSK golpeó con una frialdad absoluta. Berezutski, Zhirkov y Vágner Love desmontaron el sueño en apenas veinte minutos. El 1-3 cayó como un mazazo. El estadio pasó del éxtasis a un silencio irreal. La final que debía ser perfecta terminó siendo una de las noches más amargas de la historia del club.
Final Copa de la UEFA 2005
Sporting CP 1–3 CSK de Moscú
Fecha: 18 de mayo de 2005
Estadio: José Alvalade (Lisboa)
Asistencia: 38.900 espectadores
Árbitro: Manuel Mejuto González (España)
Goles
1–0 | 29’ – Rogério (Sporting)
1–1 | 56’ – Aleksei Berezutski (CSK)
1–2 | 65’ – Yuri Zhirkov (CSK)
1–3 | 75’ – Vágner Love (CSK)
Sporting CP (4-4-2)
Ricardo, Miguel Garcia, Beto, Joseph Enakahire, Rogerio Fidelis (Roudolphe M’Bela Douala), Rodrigo Tello, Fabio Rochemback, João Moutinho (Hugo Viana), Pedro Barbosa, Liedson, Ricardo Sa Pinto (Niculae).
Entrenador: José Peseiro
CSK de Moscú (4-4-2)
Igor Akinfeev; Ignashevich, Vasili Berezutski, Aleksei Berezutski, Yuri Zhirkov; Aldonin, Rahimić, Krasić, Daniel Carvalho; Vágner Love e Ivica Olić.
Entrenador: Valery Gazzaev
También jugó: Sergey Semak.
Una herida que aún forma parte del ADN sportinguista
Aquel Sporting no fue campeón, pero dejó una huella profunda. Eliminó a dos equipos de la Premier League, alcanzó su primera gran final europea en la era moderna y lo hizo en un estadio que acababa de estrenarse para una Eurocopa histórica.
No fue el final soñado. Pero sí una de esas noches que explican lo que significa ser del Sporting: creer, competir y caer… para volver a intentarlo.

