María Cheza: «Soy feliz siendo la persona en la que me he convertido».

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Entrevista exclusiva con María Cheza, actual guardameta de Sevilla FC Femenino.

La guardameta María Cheza (Avilés, 2001) nunca fue una futbolista al uso. Siempre fue un paso por delante de su edad, de su contexto y del peligro de la expectativa. Sobre todo, cuando es la de otros. Su biografía no corresponde a alguien de su edad, de hecho es fácil olvidar que todavía tiene 24 años.

Desde aquel Campeonato de España en 2014, con la selección de Asturias, que marcó un punto de inflexión, su carrera no ha hecho más que crecer. Crecer, eso sí, con una naturalidad que esconde muchísimo trabajo, madurez y una mirada muy clara sobre lo importante.

Con solo 16 años se proclamó campeona de Europa sub-19 y dio el salto a Estados Unidos, donde pasó cinco años formándose dentro y fuera del campo, antes de regresar a España para competir de forma estable en 2024, primero en Costa Adeje Tenerife y después en Sevilla FC Femenino.

Pero si algo define a María Cheza es que nunca se ha limitado a ser solo futbolista. De esa conciencia nace su proyecto Más que futbolista. Es una reflexión sobre el equilibrio entre rendimiento, identidad y vida, defendiendo que el deporte no debe ser una jaula, sino un vehículo para crecer como persona.

Futbolista, surfista, estudiante, hija, nieta, emprendedora… María Cheza se construye desde todas sus facetas, demostrando que se puede competir al máximo nivel sin renunciar a explorar, sentir, aprender y disfrutar.

En esta entrevista hablamos de una historia que no es solo la de una carrera bien gestionada, sino la de alguien que ha entendido que ser mejor futbolista empieza por ser mejor persona. Y una historia que recién está comenzando.

El fútbol como prioridad y las pasiones como complemento

María Cheza lo tiene claro desde el principio: «El fútbol es mi trabajo, mi gran pasión y el eje de mi vida profesional». Así se lo explica a quienes le preguntan cómo encaja tantas actividades en su día a día y dónde queda el fútbol entre tantas inquietudes. Para ella, no hay duda: el fútbol es lo primero. Sin embargo, como cualquier deportista profesional, dedica solo unas horas al entrenamiento y a la competición, y es en el resto del día donde encuentra espacio para desarrollar otras pasiones que también le llenan.

Eso sí, siempre respetando sus prioridades: el descanso, la alimentación, el tiempo personal y el equilibrio emocional. Todo lo demás se ajusta a esos pilares. María insiste en que su carrera principal es el fútbol y que es ahí donde quiere llegar lo más lejos posible, pero se considera afortunada por haber descubierto, desde muy joven, otras inquietudes fuera del deporte y poder cultivarlas sin perder el foco profesional.

Además, señala que su generación lleva muchos años compitiendo a un nivel muy alto, incluso antes de que el fútbol femenino se profesionalizara oficialmente en España. Para ella, la capacidad de gestionar la presión, el rendimiento y la vida personal no llega de un día para otro, sino con los años y la experiencia acumulada sobre el campo.

Formación académica para ser mejor deportista

Cuando decidió estudiar, María lo hizo con un objetivo muy concreto: «Convertirme en una mejor deportista y sentirme más completa como persona una vez terminara mi carrera profesional». Como portera, quiso entender cómo funciona su cuerpo, qué necesita para rendir mejor y cómo se nutre adecuadamente. Más adelante, también se interesó por el funcionamiento de la mente y los procesos psicológicos.

Valora mucho haber tenido la oportunidad de formarse y comprender el “porqué” de las cosas, aunque reconoce que, más allá de los estudios, la experiencia es lo que más enseña con el paso del tiempo.

Campeona de Europa y llegada precoz a la selección desde Oviedo

En su trayectoria destaca un hito clave: proclamarse campeona de Europa siendo muy joven, además de ser la más pequeña del equipo. Pero su camino hacia la selección tiene aún más mérito, ya que llegó a la selección española jugando en el Oviedo, algo nada habitual en un contexto dominado por clubes grandes como Barcelona o Madrid.

María recuerda que su llegada a la selección estuvo marcada por la incertidumbre, la ilusión y los nervios. Por su carácter, en aquel momento solo pensaba en jugar al fútbol. Justo cuando se incorporó al Real Oviedo, comenzaron sus primeras convocatorias, tras haber pasado previamente por el Femiastur. Eso le dio muchas experiencias, ya que llevaba años formando parte de la selección asturiana, pasando por todas las categorías y llegando incluso a ser campeona de España.

Relata cómo, siendo muy joven, ya competía en finales contra selecciones como Cataluña, donde ella tenía 12 años y otras jugadoras 16, y aun así jugaba todos los minutos. No era algo normal para su edad. Desde entonces, aprendió a gestionar la presión y a convivir con compañeras mucho mayores, algo que hoy le permite entender tanto a las más jóvenes como a las veteranas.

Cuando entras en la selección, explica, accedes a otro mundo: un entorno donde la exigencia es máxima en cada segundo y todo respira profesionalismo. Aunque ese profesionalismo ha ido creciendo con los años, su sensación inicial fue la de entrar en una realidad completamente distinta. Con 14 o 15 años, no era plenamente consciente de lo que estaba viviendo; simplemente iba a jugar, desconectándose de todo lo demás.

Un sueño que nació de forma natural

María confiesa que: «De pequeña nunca me planteo explícitamente ser futbolista profesional. La transición se dio de forma natural, a través del disfrute del deporte y muchas horas de trabajo, que la llevaron a conseguir objetivos, campeonatos y convocatorias». Sin embargo, sí tenía muy claro algo desde muy joven: quería irse fuera a estudiar.

Conocía la situación económica de su familia y la responsabilidad que eso implicaba. Recuerda entrevistas con apenas 8 o 10 años en las que ya decía que quería ir al extranjero para poder estudiar y seguir jugando al fútbol al máximo nivel. Para muchos sonaba extraño, pero ella lo tenía muy claro: sabía que ese podía ser su camino.

Los años en Oviedo y las oportunidades que no llegaron

Antes de marcharse, vivió momentos muy duros en su etapa en Oviedo. Recuerda especialmente dos play-offs perdidos en el intento de ascender a Primera División. Entrenaba con el primer equipo cuando aún no tenía la edad legal para competir, ya que cumplía los 16 años en julio, una vez finalizada la temporada. Por ley, no podía subir al primer equipo, a pesar de entrenar y ser considerada portera de Primera División con solo 15 años.

Ese año el equipo descendió. Al siguiente, ella subió, ganó la liga, pero volvió a perder el play-off. Y al año siguiente, exactamente lo mismo: ganar la liga y perder el play-off. Para ella, esos fueron algunos de los momentos más dolorosos de su carrera, quedarse a las puertas una y otra vez.

Después llegó el éxito con la selección y el reconocimiento individual: fue nombrada mejor portera de Europa en aquel campeonato. Empezaron a llegar ofertas de grandes clubes de toda Europa —Inglaterra, Italia, Francia y también España—, pero María tenía una condición clara: necesitaba apoyo para sus estudios y ayuda para gestionarlos y financiarlos. La respuesta fue siempre negativa.

Ahí tuvo que tomar una decisión clave, y eligió lo que consideraba mejor para su familia y para su futuro. A día de hoy, asegura que no se arrepiente en absoluto.

La decisión de ir a Estados Unidos y su regreso en el momento justo

Durante sus años fuera, María no solo fue futbolista profesional, sino que vivió el mundo, aprendió, creció y disfrutó al máximo. En Estados Unidos contaba con muchos más medios y un nivel competitivo alto, incluso superior al que existía en España en ese momento. Mientras tanto, observaba cómo las ligas españolas iban creciendo.

Considera que muchas jugadoras en España han tenido que compaginar estudios, trabajo y fútbol, buscando soluciones para poder seguir compitiendo, mientras que ella tuvo otra oportunidad en el extranjero. Qué habría pasado si hubiera aceptado una de aquellas ofertas europeas, nunca se sabrá, pero insiste en que no se arrepiente de su elección.

«Me siento feliz con la persona en la que me he convertido, habiendo descubierto cosas muy pronto que otras personas aún no conocen, lo que me permite disfrutar del día a día». Tras seis años fuera, regresó a España y lo hizo directamente a Primera División. Volvió con 22 años y ya lleva dos temporadas en la máxima categoría. Para ella, no es tarde: aún queda mucho camino por recorrer, especialmente siendo portera.

Estudios universitarios y el nacimiento de “Más que Futbolista”

Al llegar a Estados Unidos, descubrió una carrera universitaria relacionada con la dirección de empresas deportivas, una formación que aún no existe en España. Se trata de una especie de combinación entre dirección deportiva y administración, una formación integral que va más allá del simple título de director deportivo.

María se enamoró de esas posibilidades. Una vez en la universidad, se dio cuenta de que, además de futbolista a tiempo completo, también era estudiante, amiga, universitaria y muchas otras cosas. Fue entonces cuando comprendió que quería ser “más que futbolista”.

Observaba cómo muchas de sus compañeras se dedicaban exclusivamente al fútbol, lo cual es totalmente válido, pero también veía cómo se perdían pequeñas experiencias cotidianas: descubrir si te gusta leer, cocinar, pintar o explorar tu lado artístico. En un entorno tan absorbente como el deporte profesional, a veces cuesta preguntarse quién eres más allá del fútbol.

De ahí nació su proyecto Más que Futbolista, al que decidió dedicar tiempo y energía. Lo enfocó especialmente en aquellos niños y niñas que no encajan del todo: los que se quedan a un lado en el patio, los que están en un equipo de fútbol pero quieren algo más, los que no encuentran su sitio en la sociedad. Su objetivo fue estar a su lado y proponer alternativas que les ayudaran a desarrollarse.

Con los años, se creó una comunidad de forma casi inconsciente. Hoy existe una conversación constante entre padres, niños y entrenadores, que comparten experiencias, se ayudan y se apoyan mutuamente. Organizan, por ejemplo, campos de verano como momentos de reencuentro, pero durante todo el año mantienen un diálogo continuo sobre situaciones reales que viven las familias. Para María, todo eso es algo muy especial. No sabe si este será su proyecto final, pero sigue soñando con que la comunidad siga creciendo.

Árbitra, entrenadora y una visión cada vez más amplia del fútbol

María también obtuvo el título de árbitra a los 15 años y el de entrenadora a los 16. Era un ámbito que le gustaba mucho, especialmente por su interés en la técnica y la táctica. Sin embargo, con el paso de los años se ha dado cuenta de que «el fútbol consume muchísimo«, y que ser entrenadora no es fácil: requiere dedicar muchas horas a ver fútbol y a analizarlo, algo que hoy en día no es lo que más le atrae.

Eso la llevó a una reflexión más profunda: no se ve desarrollando su futuro profesional directamente en el fútbol de élite, pero sí descubrió algo que le marcó especialmente: la infancia y la cantera. Para ella, ahí está el verdadero futuro. Invertir tiempo en los más pequeños duele, en el sentido del esfuerzo que implica, pero al mismo tiempo compensa con creces por la inocencia, el cariño y la ilusión que transmiten.

Habla con emoción de esa energía tan pura que tienen los niños, de cómo se ilusionan con muy poco y de cómo eso te mueve a darlo todo por ellos: llevar colchonetas, material, lo que haga falta, con tal de verlos sonreír. Para María, esa sonrisa sincera merece cualquier esfuerzo.

Un futuro ligado al deporte, pero desde otro lugar

A pesar de llevar tantos años jugando al fútbol, María no sabe si en el futuro estará directamente vinculada al fútbol profesional. Se ve en un punto en el que podría decir que se ha cansado de “tanto fútbol”, pero tiene claro que nunca se desvinculará del deporte ni del trabajo con las canteras, ya sea en fútbol u otros deportes.

Se imagina muy involucrada en la administración deportiva de los jóvenes, ayudando a que lleguen mejor preparados a las siguientes etapas de su desarrollo. Aunque reconoce que eso pertenece al futuro y que aún está por verse, sí tiene claro que su camino irá más hacia la gestión y la estructura que hacia el banquillo o el césped.

Dirección, gestión y una mirada crítica sobre el sistema

Cuando piensa en su futuro, se ve más en un rol de dirección o técnico-administrativo. Considera que ha visto mucho mundo para su edad y que existen muchas oportunidades que en España todavía no se están aprovechando. Desde su perspectiva, el país va muy atrasado en muchos aspectos de la gestión deportiva, especialmente en comparación con lo que ha conocido fuera.

Ha visto modelos muy interesantes que han ofrecido grandes oportunidades a niños y jóvenes, y le encantaría poder implementar esas ideas en España. Por eso, se ve en un punto más administrativo que operativo, ya que cree firmemente que, para mover y cambiar las cosas, es necesario saber controlar los procesos: los papeles, lo legal, lo económico.

Aunque nunca se propuso estudiar nada relacionado directamente con ese ámbito, siente que la vida la ha llevado hacia ahí de manera natural, marcando un camino que combina deporte, educación, gestión y desarrollo humano.

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