Jéssica Silva: “Mi carrera no es solo mía, siento que debo inspirar a otras generaciones”.

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Han pasado diez años desde la primera vez que entrevisté a la futbolista a Jéssica Silva (Odemira, 1994). En esta nueva conversación, el tono es diferente. No se trata solo de fútbol, sino de trayectoria, identidad y propósito.

La jugadora portuguesa, una de las más reconocidas de su país, recibe el saludo con una sonrisa y una gratitud que va más allá de la rutina. “Es siempre bueno cuando haces parte del cambio y puedes mirar a la gente que has visto en el pasado siguiendo firme y manteniendo su esencia”, esto, si me permiten destacarlo es un premio para mí.

Su español, reconoce, no es perfecto —lleva años fuera de España—, pero lo entiende y se hace entender con naturalidad. “Hablo portugués, inglés, español y francés. A ver si aprendo algo de árabe”, bromea. La facilidad con los idiomas no es casual: es fruto de una carrera marcada por la diversidad cultural y geográfica. “El fútbol me ha abierto puertas. No solo me ha permitido jugar, sino también viajar, conocer otras culturas y aprender nuevas lenguas”, explica.

Una carrera que supera las expectativas

La conversación retrocede a 2015, cuando Jéssica era una joven promesa que ya destacaba internacionalmente, tras recuperarse de una lesión importante. Hoy, mirando atrás, reconoce que jamás imaginó lo que viviría en la siguiente década. “Siempre tuve objetivos y un propósito muy grande, pero nunca pensé que podría lograr lo que he logrado hasta hoy”, confiesa.

Su reflexión es honesta: durante años le costó aceptar sus propios logros, pero ahora se permite el orgullo. “Hoy dejo la modestia de lado: estoy muy orgullosa de mí, de mi percurso y de cómo lo he conseguido. No hablo solo de títulos, sino de las relaciones que me han hecho la mujer que soy hoy”.

Los obstáculos, admite, han sido muchos. Pero también lo ha sido su fuerza para seguir soñando y avanzar. “Siempre he tenido la capacidad de seguir adelante y de seguir ilusionada. Eso me deja muy feliz cuando miro hacia atrás”, dice con serenidad.

Entre títulos y transformación

En su currículum figuran títulos nacionales e internacionales, entre ellos la Champions League y trofeos en Suecia, Francia, Portugal, y América del Norte y Central. Pero para Jéssica, el valor de su carrera no se mide solo en medallas. “Creo que es un mix de cosas”, explica. “Ganar títulos me dio credibilidad, pero lo más importante para mí ha sido formar parte de un cambio”.

Ese cambio es el del fútbol femenino portugués, que ha pasado de la invisibilidad a la profesionalización. “Cuando empecé era impensable ser profesional o ganar un título en Portugal. Hoy una niña puede crecer sabiendo que puede llegar a serlo, y eso es lo más rico de mi carrera”, afirma.

Su discurso refleja una visión colectiva del éxito. Jéssica nunca ha entendido su carrera de manera individualista. “Nunca he hecho mi camino pensando solo en mí o en mi contrato profesional. Siempre he sentido la responsabilidad de ser un ejemplo para las niñas —y también para los niños— que me miraban. Quería que creyeran que podían ser jugadoras profesionales”.

Una jugadora con propósito

Más allá del talento y los títulos, Jéssica Silva ha construido una identidad dentro del fútbol basada en la responsabilidad y la inspiración. “Mi forma de estar en el fútbol nunca ha sido singular. Claro que quería estar entre las mejores, jugar con las mejores, pero también quería inspirar”, afirma con convicción.

Esa motivación sigue viva. “Me deja muy feliz y sigo teniéndola con mucha ilusión, porque es bueno tener la responsabilidad de hacer un cambio, de inspirar a otras generaciones. Es algo que me motiva y por eso quiero seguir jugando. Y cuando esto acabe, sé que será igual de importante seguir contando mi historia”.

El valor del desafío

La conversación se adentra en uno de los momentos más determinantes de su carrera: su fichaje por el Olympique de Lyon, entonces el mejor equipo del mundo. En aquel momento, el Benfica empezaba a profesionalizar su sección femenina, pero eligió el desafío más exigente, aun sabiendo que tendría menos protagonismo. “No era una cuestión de dinero”, recuerda. “Quería estar entre las mejores, competir con las mejores, que la gente conociera a Jéssica Silva dentro del campo”.

Esa mentalidad, la de buscar siempre el crecimiento, la llevó a convertirse en una referente para otras jugadoras, como Edna Imade, quien años después reconocería que Jéssica Silva era su inspiración. “Ser una inspiración para alguien es algo muy bonito. En su momento no me daba cuenta del impacto que podía tener en otras personas, pero me emociona saber que lo he tenido”, dice emocionada.

Jéssica recuerda también haber hablado con Salma Paralluelo en videollamada, y cómo Eva Navarro les decía que se parecían mucho. “Desde muy temprano intenté acercarme a esas personas, decirles: ‘Yo soy yo, pero tú serás tú misma’. Nunca quise que me copiaran, sino que creyeran en su propio camino”.

La importancia de tender la mano

Continúa reflexionando sobre el papel que tiene una deportista con su trayectoria y visibilidad. No basta con inspirar desde la distancia: para ella, el verdadero impacto está en la cercanía. “Cuando eres un ejemplo o una referencia, es importante mostrar que puedes ayudar. No eres solo una persona más; eres alguien que también ha estado ahí”, explica.

Esa empatía, asegura, puede cambiar vidas. “Cuando alguien se acerca y te da la mano, puede tener un impacto más grande de lo que imaginas. Yo he tenido mis referencias y sé lo que sentiría si mi ídolo me hubiera dado la mano. En el fútbol femenino somos ejemplares y sabemos del impacto que tenemos, y creo que lo usamos bien”.

Su visión de liderazgo está marcada por la humildad y la conexión humana. No busca ser admirada desde el pedestal, sino servir como apoyo y espejo. Es una manera de entender la responsabilidad pública desde la autenticidad: acompañar, orientar y compartir la experiencia acumulada.

La resiliencia como marca personal

En medio del reconocimiento, también hay dolor y lucha. Jéssica Silva ha vivido varias lesiones y problemas de salud, algunos de ellos graves, pero siempre ha regresado al mismo nivel competitivo. “La cantidad y la gravedad de las lesiones que he tenido o los acontecimientos podrían haberme hecho desistir”, admite. “Hubiera sido fácil quedarme en Portugal, con mi familia, tranquila. Pero la clave ha sido querer más, creer en mí y tener a las personas adecuadas a mi lado”.

Habla de sus hermanos y su familia como pilares, los que siempre la animaron a seguir cuando pensó en rendirse. “Hubo un momento en Lyon en que casi desistí. Miraba a mis compañeras regresando a Portugal y me preguntaba por qué a mí me costaba tanto. Pero siempre he tenido la capacidad de creer en mí misma y de querer más. Esa capacidad de superación siempre ha vivido en mí”.

Esa fuerza, asegura, es algo que lleva dentro, una herencia emocional que viene “del tiempo de mis abuelas”. Su historia está atravesada por una cultura del esfuerzo y la lucha constante, algo que la ha acompañado desde su infancia. “Nunca he tenido nada fácil en mi vida. He sido criada en un ambiente que me enseñó a pelear, y creo que estoy en el mundo para eso. Hay personas que están en el mundo para luchar, y yo soy una de ellas”, afirma con orgullo.

Esa mentalidad la ha llevado a sobreponerse al miedo. Cuando se preparaba para regresar tras una grave lesión en Braga, reconocía sentir temor, pero también una certeza: “Solo mi trabajo y el amor que tengo por el fútbol me traen de vuelta. Sé que volveré a mi camino”.

Domingo 26 Outubro 2025 20h00 Pratt & Whitney Stadium at Rentschler Field (USA) (East Hartford, CT) Jogos Preparação Seleções Femininas 2025 – Estados Unidos vs Portugal.

La pasión como motor

Para Jéssica Silva, el hilo que atraviesa toda su vida es la pasión. Es su energía, su refugio y su impulso. “Siempre he sido movida por mi pasión y por mi trabajo”, dice con convicción. Reconoce la desigualdad que aún existe en el fútbol, pero también valora el privilegio de poder dedicarse a lo que ama. “Cuando era niña jamás pensé que sería jugadora profesional. La pasión que tengo por hacer lo que hago y además, ganarme la vida con mi trabajo, por ello me deja muy feliz”.

Se siente parte de una generación pionera en Portugal, un país donde el número de practicantes femeninas sigue siendo bajo. “Soy de una generación para la que era un privilegio ganar dinero haciendo lo que más queríamos. Ahora las niñas pueden crecer sabiendo que pueden soñar con ser jugadoras, y eso me hace muy feliz”.

Aunque celebra los avances, mantiene una mirada crítica y realista: aún queda camino por recorrer. “Las mujeres estamos siendo más valoradas, pero todavía hay mucho por hacer. Yo me siento afortunada porque he podido vivir ese cambio”.

Sus decisiones profesionales, insiste, nunca estuvieron guiadas por el dinero. “Cuando fui al Lyon no fue porque pagara más, sino porque quería estar entre las mejores. Mi objetivo siempre ha sido ser más, ser mejor, nunca hacer el mejor contrato”. Ayudar a su familia ha sido una recompensa añadida, pero el motor siempre ha sido la ambición de crecer y mejorar.

Una carrera impulsada por amor y autenticidad

“Soy una persona muy completa con todo lo que he sufrido y todo lo que he logrado”, dice Jéssica Silva, resumiendo su vida con serenidad y gratitud. “Sigo jugando al fútbol con mucha pasión, y eso es lo mejor que tengo. Amo este deporte con toda mi alma”.

Su deseo es que, cuando llegue el final de su carrera, la gente la recuerde no solo por los títulos, sino por su forma de vivir el fútbol. “Quiero que me recuerden como una persona vibrante, que amaba este deporte, que sabía del impacto de ser jugadora y de ser inspiración para otras. Y que era una persona cool, una persona ¡wow!”.

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